Si estás al tanto de la literatura médica, o al menos de los consejos y recomendaciones hechos por estos profesionales, para llevar un estilo de vida saludable, seguramente pondrás en cuestión la veracidad de nuestro título, o pensarás que se trata de una expresión irónica.

Una de las sugerencias que escuchamos con frecuencia en la consulta médica, o que leemos en los blogs y revistas de salud, es que debemos hacer todo lo posible por no estresarnos, ya que si vivimos en esta condición de manera constante, podemos desarrollar diversas enfermedades.

No obstante, si profundizamos en nuestras lecturas o platicamos más a detalle con el médico, descubriremos que una de las principales causas de problemas cardiovasculares, gastrointestinales, musculares y del sistema nervioso no es el estrés en sí mismo, sino el manejo inadecuado que hacemos de él.

Para entender mejor esta idea, comencemos por explicar qué es el estrés. En muchos aspectos, nuestro cuerpo está diseñado para reaccionar como el de todos los seres vivos, es decir, con base en instintos y sensaciones, que permiten anticipar el peligro y reaccionar para evitarlo; o bien, que nos indican donde puede hallarse una fuente de bienestar y nos ayudan a alcanzarla.

El estrés es un mecanismo corporal que mantiene un estrecho vínculo con el instinto. Cuando se percibe un riesgo inminente, la sensación de estrés hace que todo el organismo se prepare para reaccionar y evadirlo, ya sea mediante la huida o el ataque. El aumento del ritmo cardiaco, la tensión de los músculos y la afinación de los sentidos son algunas de las formas mediante las que el cuerpo estresado se alista para enfrentar lo que esté por venir, y también para derrochar la energía que sea necesaria.

Si no fuera por el estrés, nuestra especie, al igual que muchas otras, se habría extinguido desde hace millones de años, pues no habría encontrado la fuerza ni el vigor requerido para enfrentarse a los depredadores, protegerse de las fuerzas de la naturaleza o defenderse de los atacantes. Incluso ahora, cuando la mayoría de los seres humanos vivimos en entornos relativamente seguros y protegidos de las inclemencias ambientales, el estrés nos ayuda a superar todo tipo de situaciones amenazantes. El apurar el paso al ver que un auto se aproxima o el buscar protección al escuchar un estallido en el entorno cercano son formas en las que el estrés nos salva día a día.

El problema, como mencionamos al principio, es que la sensación de estrés salga de nuestro control y se mantenga incluso cuando ya no hay peligro. El estrés constante significa que nuestro ritmo cardiaco, niveles hormonales y tensión nerviosa estarán alterados todo el tiempo y esto sí tendrá repercusiones graves en la salud.

La recomendación, entonces, no es exactamente “evitar el estrés”, sino aprender a controlarlo. En otras palabras, debemos aprovechar la energía y el estado de alerta que nos da el estrés en el momento necesario y superarlo después.

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Hablar de un método ideal para manejar el estrés resulta difícil, porque las formas de canalizar la energía pueden variar según cada persona. Ejercicios como la meditación o el yoga funcionan para muchos. Otros prefieren ejercicios más intensos, para trabajar el sistema cardiovascular. E incluso hay quienes buscan hoteles en Ixtapa y escapan un fin de semana para olvidarse de todo.

Busca una actividad que disfrutes, en la que puedas invertir energía y que al final te relaje. Así podrás liberarte de las tensiones y hacer que el estrés se vuelva tu amigo.