Después de hacer una actividad física o ante un agotamiento de nuestro día a día, una de las cosas que más nos descansa es el sentarse.

El sentarse también es una de las actividades que más hacemos durante el día y esto viene desde nuestra infancia, lo cual es una acción de lo más natural.

Pero, ¿existe algo más detrás de esta actividad tan natural como es el sentarse?

A continuación veremos cuatro efectos que experimenta una persona al estar sentada, con la intensión de explicar esta actividad, especialmente si realizamos actividades que nos “obligan” a permanecer largos periodos sentados.

Estos cuatro efectos son: el efecto biomecánico, el efecto humor, el efecto de acción y el efecto protagonista.

Cuando hablamos del efecto biomecánico, nos referimos a que es cuando se observan las diversas posturas al sentarse.

Sabemos que existen posturas que sencillamente no son las más sanas y adecuadas para nuestro cuerpo, especialmente para la columna.

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Y aun adoptando posturas convenientes, es interesante observar que entre dos sujetos existen notables diferencias, las cuales se deben a su estatura, peso y complexión correspondientes a cada uno, por lo que la estructura biomecánica de cada uno no tienen por qué ser idénticas en ambos.

Ante esta diferencia, se deduce entonces que una misma postura puede ser más conveniente para uno que para otro.

En cuanto al efecto de acción, éste se refiere a que de acuerdo al objetivo de nuestras acciones es lo que  determina la postura de nuestro cuerpo.

Revisemos entonces este efecto con un ejemplo sencillo: te encuentras sentado en una silla frente a una mesa y en la mesa se encuentran diversos objetos.

Observa cómo tu cuerpo ajusta los músculos y los huesos de acuerdo a lo que te encuentres haciendo, esto porque no mostrarás una misma posición si te encuentras escribiendo una nota (con lápiz y papel), o si estás observando un objeto a través de un microscopio, o escribiendo en la computadora o tomando una clase.

Entonces, el efecto de acción dependerá del objetivo, de los objetos y de lo que se hará con ellos, ajustando al cuerpo sobre el qué, con qué y cómo hacer.

Cuando hablamos del efecto anímico es cuando se analiza la predisposición anímica que, invariablemente se traduce en la postura.

Esto es evidente a primera vista, cuando estás cansado, sencillamente te dejas caer en la silla, si estás contento, pareciera que ni te sientas, y así sucesivamente.

Muchas veces con solo observar tu forma de sentarte, podrás detectar el cómo te sientes en ese momento.

En cuanto al efecto protagonista, es una actitud que se toma ante una situación en particular.

Por ejemplo, si vamos a un colegio que está por estrenar sillas escolares y se les pide a sus alumnos que se sienten y describan la sensación al estrenar dichas sillas, observaremos posiciones que generalmente no hacen de forma natural.

De esta forma, este efecto hará relucir acciones que generalmente no se observan en un día común.

Con la observación de estos cuatro factores es interesante lo sencillo que pudiera resultar el leer una postura con solo sentarse.

Bueno, aquí te dejamos estos cuatro efectos para que comiences a leer tus acciones ante tu forma de sentarte.