Sabemos que, cuando nos sentimos bien, las tareas cotidianas las podemos realizar sin problemas, aun cuando sean complejas.

Ante un buen descanso y con un cuerpo renovado y lleno de energía podemos enfrentar muy bien el día a día.

Pero, ¿cuando esto no es así? ¿cuando te sientes cansado aún después de dormir por la noche y tienes frente a ti una multitud de cosas por hacer? No suena nada atractivo, ¿cierto?

Y para muchos, esto se convierte en un círculo nada virtuoso, ya que entre el sentirse cansado con una pila de tareas por hacer, comenzamos a sentirnos abrumados y el estrés hace su aparición.

Pues bien, la idea aquí es investigar ¿qué sucede, por qué se presenta esa falta de energía?

Como bien sabemos, necesitamos energía no solo para realizar nuestras actividades cotidianas, sencillamente es vital ya que la necesitamos para sobrevivir y nosotros los humanos la obtenemos de los alimentos.

Y todo comienza desde la elección del alimento que ingerimos, junto con los diversos procesos que nuestro cuerpo realiza para transformarla en energía.

Esto sucede cuando el alimento llega a nuestra boca y es donde el sistema digestivo inicia la tarea de degradar cada bocado gracias a la saliva, las enzimas y a los ácidos.

De esta forma comienza un proceso de “identificación y selección” de nutrientes para ser enviados al cuerpo y entre ellos se encuentra la energía.

La fuente más básica de energía para el hombre son los azúcares, más concretamente las moléculas de glucosa y la glucosa es indispensable para el ciclo de la respiración.

Contamos con el acceso a otras fuentes de azúcares simples llamada fructuosa, que proviene de las frutas y de la lactosa que la encontramos en la leche.

Obtenemos energía también de los carbohidratos que nos ofrece el combustible necesario para movernos y los carbohidratos complejos nos ofrecen otros importantes nutrientes indispensables para el cuerpo como la fibra, las vitaminas y los minerales.

quimicasanguineaorgAsí seguimos con las proteínas y las grasas, en donde las proteínas son como los bloques para construir los músculos, los tejidos, la regulación hormonal entre otras muchas funciones.

En cuanto a las grasas, son indispensables para la supervivencia, ya que ofrecen aislamiento, protección y soporte estructural, además de ser el principal almacenador de energía en el cuerpo.

La cuestión con todo esto es que, la calidad y cantidad del alimento que llega a nuestra boca son en mayor medida las responsables del nivel de energía que nuestro cuerpo presenta.

¿Y cómo saber si nuestro nivel de energía se encuentra bien?

Una forma de hacerlo es a través de exámenes clínicos, donde estudios como la química sanguínea, de orina y excremento pueden dar lectura del estado actual de tu salud.

A través de los resultados, el médico podrá encontrar en dónde se encuentran tus niveles de glucosa, qué tan bien se están aprovechando los nutrientes que le ofreces a tu cuerpo y en general, ofrece una muy buena primera “prueba” de tu estado de salud.

De esta forma identificarás qué tan bien vas en tu alimentación, si tus hábitos son los más adecuados para tu salud y si ésta es la fuente de tu cansancio.

Todo lo que te pueda aportar para identificar tu nivel de energía y en general tu estado de salud, es valiosos, ya que sin salud y energía, lo demás sale sobrando, ¿no lo crees?

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